domingo, 27 de mayo de 2012

DON EUDORO ECHVERRY MEJIA UN DIGNO EJEMPLO DE LOS PEREIRANOS...

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Don Eudoro, un cafetero de pura cepa

Este carismático hombre literalmente cautiva a quienes le conocen gracias a su amor por la caficultura. Hoy representa la verdadera idiosincracia del cafetero luchador y echao pa´lante.

Carlos Yesid Cubides 
El Diario del Otún

Con 84 años de edad, sus ojos expresan la paz interior que le  da haber hecho las cosas bien; “Don Eudoro”, como lo conocen con cariño, puede levantar su frente y estar satisfecho de lo que ha logrado a lo largo de su vida y que ha sido fruto de un trabajo honrado y perseverante aunque lleno de uno que otro sinsabor que, a pesar de todo, no ha logrado opacar la alegría que irradia y el orgullo que le da pertenecer un gremio que lo hace sentir orgulloso de su trabajo, de su tierra, de su gente.

Su cordura y lucidez siguen intactas, Eudoro Echeverry Mejía representa la verdadera idiosincracia del cafetero luchador y echao pa´lante del cual se inspiraron símbolos representativos de la cultura cafetera como Juan Valdez.

Una bella historia
Sus abuelos hicieron parte de esos primeros colonizadores provenientes de Antioquia, más exactamente de Abejorral que llegaron a estas tierras y se asentaron haciendo de ésta una región grande y pujante en la que el café se convirtió en la base de la economía de la toda la región.

Este hombre nació en medio de cafetales y montañas en una finca denominada El Recreo y ubicada en la vereda San Juan del municipio risaraldense de Marsella.  Tal y como lo hicieron sus antepasados, desde  los seis años de edad comenzó a involucrarse en las labores de  recolección del grano, desde entonces se fue apropiando de los conocimientos que más adelante lo convirtieron en un caficultor apasionado por su trabajo. Como era costumbre para la época, Eudoro fue el antepenúltimo hijo de una familia numerosa de 17 hermanos en la que el ocupó el lugar número 15.

Luego de terminar la primaria en la Escuela Mariscal Sucre del municipio de Marsella se presentó a un examen para conseguir una beca y poder estudiar el bachillerato. Como buen estudiante que era,  logró con facilidad ganársela y estudió en la Normal de Manizales donde se graduó como educador, sin embargo nunca dejó de lado el trabajo de la caficultura y cada vez que iba a la finca de sus padres disfrutaba colaborando en todos los quehaceres de la caficultura. 

Durante 47 años de su vida ejerció como docente del área de sociales y constitución en los colegios  Deogracias Cardona y  Rafael Uribe Uribe, sin embargo su vida no era completa sin eso que lo inspiraba y con lo que convivió a lo largo de toda su vida, es así como luego del fallecimiento y de su matrimonio con Lucía Quintana, decide comprar una finca equivalente a dos cuadras y que está ubicada en toda la Avenida Frailes en lo que hoy correspondería a la calle 8 con carrera 30.

La finca Montebonito la compró en ese entonces por 12 mil pesos y se convirtió desde hace 53 años en el hogar donde sembró sus cafetales y crió a sus 7 hijos, 4 mujeres y tres hombres que hoy aunque su trabajo se los impide, se reúnen periódicamente para recordar las épocas de su niñez y juventud y para tal y como lo hicieron sus padres continuar con el legado del cultivo del café.

Recordando...
Hoy en medio de proyectos urbanísticos de vivienda, de lotes improductivos y  propuestas tentadoras para vender el terreno, yace una pequeña y hermosa finca cafetera con la infraestructura rústica de antaño y cuyos propietarios han sabido conservarla y mejorarla a través del tiempo.

Con la calidez propia de verdaderos cafeteros, don Eudoro y su esposa  sin importar su avanzada edad,  deciden levantarse  desde muy temprano y  de esta forma realizar las labores propias de una finca cafetera.

Con nostalgia recuerda cómo es que la vereda en ese entonces el sector de  Montebonito, perteneciente a la vereda Frailes se ha venido fraccionado y urbanizado.

La carreterita estrecha que venía de El Japón y que alrededor estaba llena de guaduales, cafetales y potreros, se ha convertido en una importante vía pavimentada en la que hoy es poco probable encontrar una finca realmente cafetera, sin embargo él y sus hijos tienen claro que no quieren dejar que este lugar apartado de la modernidad en el que vieron crecer a sus hijos vaya a desaparecer por la fuerza de una modernidad que tiende a acabar con lo que hoy es el patrimonio de generaciones enteras.

“Recuerdo como si fuera ayer cuando nos subíamos a los jeep y nos pegábamos de las barras, yo me iba a dictar las clases y los niños para el colegio ¡que épocas aquellas!” comenta Eudoro con cierto aire de nostalgia.

Pasados los años y mirando según dice el ocaso de sus días, Eudoro quiere prolongar  su legado y su recuerdo a través de la finca Montebonito, y es que tanto sus siete hijos como sus 12 nietos han tenido que ver con este lugar en el que pareciera que el tiempo no ha corrido y donde la paz se puede respirar al lado de una deliciosa taza de café.

Un líder
Una de las aficiones de este hombre es la lectura y en la actualidad es miembro de la Academia Pereirana de Historia.

Pocos en Risaralda y Colombia tienen tal conocimiento en el tema de las cifras y el proceso histórico de la economía cafetera a través de los años.

De igual manera en la actualidad hace parte del Comité de Educación de la Cooperativa de Caficultores  y se desempeña como Vicepresidente del Comité de Cafeteros de Dosquebradas.

Gracias a su excelente labor el Comité Departamental de Cafeteros y la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia le han otorgado varios reconocimientos gracias a su labor por la que se le ha considerado uno de los precursores y más grandes conocedores del tema de la caficultura en Colombia.

Don Eudoro, un personaje para mostrar y un cafetero de pura cepa.

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